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CANTÓN julio 28, 2026

El final de una era...¿o no?

El final de una era...¿o no?
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POR Catón COLABORADOR COLUMNISTA • INTERREGNO
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[[La elección de Keiko Fujimori tras tres intentos fallidos podría significar el final de un ciclo político]]

Las eras políticas rara vez terminan de un día para otro. No existe una ceremonia oficial que anuncie el cierre de un ciclo; sin embargo, hay momentos que, vistos con cierta perspicacia, parecen marcar el final de una etapa. La juramentación de Keiko Fujimori como presidenta de la república podría ser uno de ellos. No solo porque pone fin a una larga etapa de intentos por alcanzar el poder por parte de Keiko Fujimori, sino porque invita a preguntarnos si el Perú está dejando atrás un ciclo en el que el fujimorismo y, sobre todo, el antifujimorismo, se convirtieron en uno de los principales ejes de la política nacional.
Mas que un movimiento homogéneo, el antifujimorismo funcionó como un punto de encuentro entre actores políticos muy distintos entre sí. Liberales, socialistas, socialdemócratas, nacionalistas e indigenistas, entre otros, encontraron un espacio común en el rechazo al legado político de Alberto Fujimori. Si bien el rechazo a Fujimori se intensificó durante los últimos meses de su mandato, especialmente tras las cuestionadas elecciones del año 2000 y la difusión de los llamados “vladivideos”, fue la irrupción en política de Keiko Fujimori lo que terminó por darle un nuevo impulso a este fenómeno. Su candidatura presidencial en 2011 reactivó un antagonismo que marcaría las siguientes elecciones presidenciales.
Sin embargo, ningún eje político permanece vigente para siempre. Cuando una corriente encuentra en el rechazo a un adversario su principal elemento de cohesión, tarde o temprano necesita ofrecer algo más que oposición. De lo contrario, corre el riesgo de agotarse. A ello se le suma un factor que suele pasar desapercibido: el cambio generacional. Una parte del electorado actual no vivió los años noventa o los recuerda apenas de manera fragmentaria, por ende, este debate no tiene la misma carga emocional que tiene para quienes vivieron conscientemente esos años. Finalmente, hecho de que los sucesivos gobiernos que llegaron presentándose, en distinta medida, como una alternativa distinta al fujimorismo no lograron consolidar un relato de superioridad ética. Los casos de corrupción, las crisis políticas y los reiterados episodios de inestabilidad terminaron erosionando la credibilidad de buena parte de la clase política surgida después del año 2000.
El triunfo de Keiko Fujimori tampoco significa que el fujimorismo no tenga problemas. De hecho, muchas de sus fortalezas esconden también sus propias debilidades. El mismo pragmatismo que le permitió adaptarse a escenarios políticos cambiantes y conservar una importante base electoral, también muestra una escasa identidad doctrinaria. Por lo mismo al partido solo le ha quedado reforzar un rasgo que lo acompaña desde sus orígenes: el profundo personalismo. Paradójicamente, el partido más grande del Perú también es el más dependiente de una sola persona. El fujimorismo ha demostrado una enorme resiliencia. Ha pasado por derrotas electorales, crisis judiciales y hasta el encarcelamiento de su lideresa; pero también ha tenido una enorme dificultad para proyectar liderazgos que trasciendan el apellido Fujimori. Basta con observar su desempeño en las elecciones municipales y regionales, donde su influencia suele diluirse.
En una campaña marcada por el lema “La fuerza del orden”, el fujimorismo llegó a esta elección con una ventaja política evidente: podía señalar los errores del gobierno sin cargar con el peso de la gestión; pero desde el 28 de julio esta explicación dejará de existir. A partir de ahora el fujimorismo ya no podrá definirse por su condición de oposición, sino por cómo gobierne.
Quizá estemos, efectivamente, ante el final de una era. O quizá todavía sea demasiado pronto para afirmarlo. Lo que sí parece haber terminado es una etapa en la que el antifujimorismo fue uno de los principales ejes ordenadores de la política peruana. Solo el paso del tiempo nos permitirá saber si el 28 de julio de 2026 marcó realmente el final de un ciclo político o fue un capítulo más de una historia que no ha terminado.
Fin de la columna Interregno © 2026
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